Con la profesión de los votos perpetuos, los tres hermanos  pasaron a ser solo de Dios, todos de Dios y siempre de Dios.  Guatemala, noviembre 2020.- Todo ocurrió el domingo 1 de noviembre, día en que la Iglesia celebra solemnemente a todas aquellas personas que nos han precedido en el encuentro definitivo con Dios y que en la tierra fueron signos del amor del Padre, la comunión del Hijo y la acción de Espíritu Santo en la misión de vivir el aquello a que todo cristiano está llamado: la Santidad.


Esa mañana en la parroquia San Juan Bosco de la Ciudad de Guatemala, tres hermanos salesianos, Daniel Ortega, Carlos Ramírez y Alejandro Urízar Meckler, conscientes de que el Señor los llamó para ser partícipes del proyecto salvífico a favor de la humanidad, completando un proceso formativo en el que ejercieron su libertad para seguir los caminos propuestos por Jesucristo a través del carisma salesiano de San Juan Bosco en favor de la juventud, decidieron dar una respuesta definitiva al llamado de Dios, ante el P. Javier Rivas, en representación del Inspector; para vivir los Consejos Evangélicos – a imitación de Jesucristo obediente, pobre y casto – y a trabajar conjuntamente con una comunidad de hermanos para llevar a cabo una misión al servicio de la Iglesia .


Los tres hermanos, durante un largo proceso de discernimiento, se sintieron llamados, amados y protegidos por el amor de Dios; estos jóvenes, formados en una espiritualidad cristiana, eclesial y salesiana, han ido forjando su espíritu de entrega y amor incondicional sintetizado en un servicio brindado a la sociedad en favor de una porción de la misma: la juventud, especialmente aquellos jóvenes en situaciones de riesgo y vulnerabilidad que constantemente están a merced de injusticias y falta de promoción integral.


Con la profesión de los votos perpetuos, los tres hermanos pasaron a ser solo de Dios, todo de Dios y siempre de Dios. Este compromiso de vida implica configurarse más con Jesucristo para que todo su ser y su hacer sea para gloria del Padre, la salvación de las almas y para la propia santificación.


Daniel, Carlos y Alejandro piden al Señor la Gracia de poder mantenerse siempre fieles a la llamada de Dios. Con su “aquí estoy”, los tres le dan su vida al Creador para que Él haga con ella lo que desea y a su vez claman por imitar a Don Bosco como padre y maestro de la juventud, que supo dar hasta su último aliento por ellos, manteniendo los pies en la tierra pero la mirada en el Cielo.


Amigo lector, si sientes que Dios te llama a seguirlo más de cerca, ánimo, su amor está siempre presente, y no solo se siente, sino que se hace vida y se comparte. Por lo tanto, si lo sientes y eres consciente, te invito que aún con los temores propios, te des la oportunidad de seguir a Jesús cuyo camino es pesado, pero se hace llevadero porque se cuenta con la compañía de hermanos que juntos avanzan dando pasos confortables y seguros al servicio de los jóvenes.

 

 

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