Juego infantil... Dos cosas importantes han ocupado mi corazón maternal durante las últimas semanas. Una tiene que ver con el tema del juego infantil y la otra con la salud y fármacos para los niños. Ambas retan la forma tradicional de ver y concebir el desarrollo de los hijos.

 

Comencemos con lo del juego. Lo de las medicinas lo dejo para más adelante. Creo que una de las principales tareas de los padres es informarnos sobre los temas que afectan la crianza. En esa búsqueda, han llegado a mí (de manera casual y luego intencional) algunos artículos que abordan la importancia del juego en los niños, principalmente en las edades de parvularia. Trataré de resumirlo: La tendencia actual (no solo en El Salvador) es comenzar a enseñar a leer y escribir a edades cada vez más tempranas, como por ejemplo los 5 años. No sé si soy exagerada, pero cuando el hijo de la niñera de mi Gabo estaba muy enfermo de las vías respiratorias y las profesoras de la escuela parroquial a la que comenzó a ir este año le mandaban los cuadernos a su casa yo me asusté. ¿¡Cómo es posible que un niño de 5 años que está enfermo en su casa tenga que hacer tareas!? ¿Son los 5 años una edad adecuada para aprender a leer y escribir? Yo recuerdo parvularias con grandes espacios al aire libre para explorar, deslizarse, correr y saltar, horas de canto, música, plastilina y juguetes. Entonces, la pregunta es si, en realidad, lo contrario beneficia a los niños y... ¡sorpresa! NO. Me lo han dicho una psicóloga infantil, una pedagoga, una escritora para niños y maestra de parvularia. Eso, además de varios libros y artículos que he buscado al respecto. Voy a compartir con ustedes algunas razones y, si tienen hijos pequeños, por favor, tomen en serio la importancia del juego en sus vidas.

¿En qué ayuda jugar?

En primer lugar, el juego es una actividad propia de la infancia, es la manera de entender y ver la vida. Si un niño juega violento, tranquilo o constructivo, es porque así está respondiendo a su entorno y es lo que mira cotidianamente en él. Si un niño no juega, se pierde de la imaginación propia de la infancia. Se pierde de ser niño. Anteriormente he escrito ya: solo una vez en la vida somos niños, ¿por qué tendríamos que perdernos esta única y maravillosa etapa haciendo cosas de grandes?

El juego imaginativo desarrolla el cerebro, nos hace más ágiles, ayuda a encontrar soluciones a los problemas. ¿Qué preferimos? Niños que solo sepan sumar, dividir, leer y escribir perfectamente, o niños que sepan encontrar soluciones y que no sean la frustración y el enojo sus primeras respuestas ante los tropiezos. Los primeros pueden sacar buenas notas, pero los segundos sin duda son mejor adaptados a la realidad en que viven y quizá hasta un poco más felices. ¿Verdad que casi todos conocemos al menos a un adulto que ha sido brillante en su desempeño académico pero que su vida personal es un desastre?

Aprender a leer y escribir necesita destrezas particulares. Coordinar los movimientos del ojo y la mano (necesario para la lectoescritura) se desarrolla bastante bien jugando a cachar la pelota o cazar burbujas; dominar el equilibrio y la lateralidad se aprende bastante bien caminando sobre un trozo y poniéndose los zapatos en el pie correcto; los movimientos finos de las manos también se pueden aprender amasando harina y mantequilla para hacer galletas o ayudando en la cocina. Desenvolviéndose adecuadamente en todos esos espacios, los niños pequeños se están preparando para la aventura de leer y escribir. Y si se acostumbran a que les leamos cuentos y vernos leer, surgirá su curiosidad natural y será menos traumático dominar lo relativo a la lectoescritura.

¿La tele y los videojuegos?

Creo que ya todos hemos escuchado o leído algo a favor y en contra. Yo creo que es importante seguir la recomendación de no exceder las dos horas diarias de exposición a pantallas electrónicas de cualquier tipo. La cosa es que en la tele ya todo está dibujado, no hay que usar el cerebrito imaginando situaciones, colores y formas. Igual ocurre con los juguetes: Seguro que desarrollarán más la capacidad imaginativa -y su consecuente mayor uso del cerebro- unos cuantos trozos de madera o bloques de armar, que aquellas casas de juguete con tanto detalle que hasta la alfombra y el timbre están hechos.

La imaginación y la fantasía, queridos colegas en el oficio de criar niños, es mucho más instructivo porque enseña que para una sola cosa hay varias soluciones. El berrinche se le comprende a un niño, pero en un adulto se ve muy mal que no pueda ofrecer soluciones alternativas a un problema, o que recurra al llanto y enojo porque la cuestión no salió como quería.

Seamos nuevamente observadores, atentos a las señales que dan los niños sobre lo que son capaces de ser y aprender. Si estamos más cerca de ellos, en su mundo natural, aprenderemos a ser mejores padres. Suficientes tropiezos tiene ya la vida como para convertirnos nosotros en uno más para nuestros hijos. Ojalá las alarmas pudieran sonar tan intensamente como para poder cambiar el sistema educativo y se incluyera más espacio para el juego en las clases, principalmente para los más pequeños.

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