Familia. Iba a enviar este post sobre la responsabilidad que tenemos los padres y madres en la educación de nuestros hijos, a propósito del inicio del año escolar que estuvo fechado para el 19 de enero en El Salvador y porque creo que no es tarea única de la maestra que los niños y niñas asimilen lo que ella quiere enseñarles.

Lo escribí, pero afortunadamente no lo envié para su publicación porque me encontré con dos cosas estremecedoras. Permítanme comentarlas a continuación y por separado:

 

La primera: una de cada nueve personas en el mundo carece de alimentos suficientes para comer y más de mil millones de personas todavía viven con menos de $1.25 al día. Si está leyendo esto, muy probablemente está en su trabajo, en su casa o con su Smartphone que tiene acceso a internet. Aunque puede ser, en menor escala de probabilidad, que haya  llegado a sus manos de manera impresa. Pero, si es el primer caso, usted seguramente gasta más de $1.25 al día para desayunar, manejar o ir en bus para el trabajo, pagar teléfono, energía eléctrica, agua potable, colegiatura y un largo etcétera. Haga un pequeño ejercicio mental: ¿en qué gasta $1.25? Si le toca comer fuera, ¿cuánto vale el plato de comida que compra solo para un tiempo de comida? Es durísimo intentar vivir con esa cantidad de dinero al día, principalmente cuando hay hijos y uno quiere procurarles lo mejor que se pueda. Según los datos derivados de un estudio de la  OXFAM, una confederación de 17 organizaciones que busca soluciones para problemas de pobreza, en 2010, 388 personas compartían la misma riqueza que la MITAD de la población mundial. Y si eso suena abominable, la situación empeoró en 2014 porque la cantidad de personas que acumulaban la misma cantidad de riqueza que la mitad del mundo se redujo solamente a 80. Triste.

 

La segunda: una niña se puso a llorar desconsoladamente durante ceremonia con el papa Francisco en Filipinas. Hablaba y no pudo terminar por el llanto. Retomo el texto sobre sus palabras: "Muchos niños son abandonados por sus padres. Muchos de ellos acaban siendo víctimas y les han pasado cosas malas, como adicción a las drogas o prostitución. ¿Por qué Dios permite esto, incluso si los niños no tienen culpa? ¿Por qué solo unos pocos nos ayudan?, preguntó la niña, Glyzelle Iris Palomar". Es difícil que esto no estremezca. "¿Por qué solo unos pocos nos ayudan?" Esa pregunta debería martillarnos a todos no solo la cabeza, sino el corazón. No se trata de juzgar a padres y madres por los errores, se trata de responsabilidad. Si todos fuéramos educados en esa virtud, asumiríamos como propia esa realidad y no solo nos conmoveríamos al verla y repetirla a través de las redes sociales. Deberíamos sentirnos responsables de hacer algo para que no haya más niños como Glyzelle.

 

Estos dos hechos le dan una mejor intención a lo que tenía planeado escribir. Necesitamos seres humanos de verdad en el mundo. Personas que tengan suficiente corazón para conmoverse y suficiente valentía para actuar. Y esa no es tarea de los maestros, es tarea principal de los padres. Seamos mejores personas, más respetuosos, agradecidos, solidarios y generosos, pero principalmente actuemos más, que nuestros hijos aprendan porque lo ven, porque ese es el estilo de vida en nuestras familias.

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