Sobre los niños y el respeto. Hay algo que estoy aprendiendo gracias a mi hijo y es a aceptar a los demás así como son y a respetar. Hasta el momento, no ha habido nadie mejor que él para ayudarme a descubrir y vivir esto con mucha atención.

Lo he aprendido de varias maneras y una de ellas es que cuando está incontrolable he descubierto que la mayoría de veces no es él el del problema. Soy yo. Estoy impaciente, cansada, estresada y doy la pauta para que todo se altere y lo que viene enseguida es una avalancha en la cual yo termino enojada y siendo antipática y él agresivo y haciéndome muecas de furia.

Por el contrario, he notado que cuando está amoroso y agradecido conmigo es porque mi conducta hacia él ha sido de compañía, respeto y aceptación. Lo estoy dejando ser y él lo disfruta. Es decir que me está enseñando a aceptar a las personas tal y como son, comenzando por él mismo. Me está enseñando a cuestionarme cuando veo una conducta en él o en cualquier persona, a pensar en qué siente y por qué actúa así. Y eso es más efectivo para encontrar la solución que hacer juicios y reprimirlo.

Mi hijo de seis años de edad también me está enseñando a respetar. Cuando veo a un compañero de trabajo o a cualquier otra persona que se comporta de una manera que a mí me parece reprochable, es inevitable pensar enseguida en mi rol de mamá porque no quiero que mi hijo se comporte de esa manera cuando sea adulto. Pero es entonces cuando también aprendo a respetar, porque si fuera mi hijo quien está cometiendo ese error, lo que yo más deseo en el mundo es que se tope con personas que reaccionen con misericordia y comprensión, que no lo juzguen de inmediato, sino que le den una oportunidad.

Entonces, veo con otros ojos a las personas, pienso diferente acerca de ellos y trato de aceptarlos como son y respetarlos. Mi hijo me está enseñando a ser una mejor persona y yo quiero seguir aprendiendo con él.

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