Mamás terrenales. La maternidad me desborda. Es dar un giro completo por todos los grados de enojo, amor, frustración, tristeza, amor otra vez, ilusión, felicidad, temores... y así todos los sentimientos reunidos con una intensidad que sorprende. A veces no sé cómo puede caber tanto dentro del pecho.

Cuando me enteré que estaba embarazada confieso que lo primero que sentí fue un gran compromiso por ser mejor persona. No podía encargarme de un hijo con medios esfuerzos. Y comprometerse con eso cuesta demasiado trabajo. No lo digo como reproche, sino como principio de realidad. La educación en sexualidad debería incluir no solo los aspectos biológicos, sino el de responsabilidades y no como una manera de amenazar o asustar a la juventud para no tener hijos. Que eso de nada nos sirve, solo para generar padres temerosos y sin compromiso. Igual con la preparación matrimonial, deberíamos ser conscientes que la sexualidad en pareja incluye la crianza de los hijos porque eso modifica todo, no solo el cuerpo de las madres sino su interacción con el mundo y con su pareja.

Pero, como les decía, la maternidad me desborda. No sé a ciencia cierta por qué razón será. Sospecho que tiene que ver con que estoy tratando de estar más consciente, enfocada y plena en mi relación con mi hijo, para intentar acompañarlo mejor y entender cada una de las etapas que va viviendo. O quizás también porque a sus 6 años me expresa mejor su mundo interior y a mí me gusta intentar descifrarlo. O quizás porque quisiera ser perfecta, poder controlarme, saber qué palabras decir, cuáles no, cuándo guardar silencio, cuándo exigir y presionar para que haga cosas que no se atreve y cómo hacerlo, y cuándo y cómo defenderlo con sus gustos y su forma de ser ante los demás y enseñarle a hacerlo por sí mismo.

Pero he descubierto que una de las cosas más importantes para ejercer mi maternidad ha sido encontrarme, enfrentarme y desenredar la maternidad de mi mamá porque su presencia y sus vacíos han sido los que han tallado a la madre que soy hoy. Eso pasa por sanar las consecuencias de los errores de mi mamá, por comprender que esa presencia y esas equivocaciones eran lo que mi madre tenía, lo que podía dar, simplemente porque era lo que ella había recibido y ella, al igual que yo hoy, solo quería hacer su mejor esfuerzo.

Y, por supuesto, lo más relevante es entender que todo es un ciclo y que los aciertos y desaciertos que tenemos como madres, serán los que determinarán muchos aspectos de la vida de nuestros hijos. Hagamos siempre nuestro mejor esfuerzo. Feliz mes de las madres. 

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