Paz y respeto para las naciones. La vida es un cambio permanente y eso nos somete a constantes desafíos que cuestionan nuestros principios más básicos. Y no es que eso esté mal, simplemente es parte de la evolución, de avanzar.

Expandir nuestros puntos de vista y volver la mirada hacia las realidades de otros es siempre necesario para crecer. Es por eso que siempre hay polémica y posturas encontradas en temas centrales como la vida, los derechos humanos o la educación de los hijos. Aunque también esos cambios ponen en evidencia las principales carencias de una sociedad. Y saber ver esas fallas es necesario para avanzar y crecer.

Uno de esos principios básicos que está en crisis es el respeto. Se ha perdido hacia casi todo: a la familia, las necesidades del prójimo, a las normas y leyes, a las creencias, a la naturaleza. No hay que rendirse y cruzarse de brazos porque no todo está perdido. Aún tenemos la oportunidad de educarnos bien en familia y comenzar a formar desde ya en nuestros hijos a los adultos respetuosos que queremos que sean.

¿Enseñarles a respetar qué?

Primero a ellos mismos. Explicándoles que cepillando sus dientes, comiendo saludable y defendiéndose con firmeza pero sin golpes están cuidando su salud y su amor propio.

A sus juguetes. Con ellos se entretienen y aprenden, por tanto merecen ser tratados con respeto y cuidado. Así duran más y eso contribuye a cuidar la economía del hogar porque aprenden que no todo es desechable dentro de una sociedad de consumo.

A su familia. Somos diferentes, a veces no nos gusta la opinión de los otros pero si aprendemos a escucharnos y a exponer nuestro punto de vista sin ofender a nadie estamos cultivando las bases de la armonía. Así resolverán sus diferencias en el futuro. Si les enseñamos a ser escuchados y a argumentar sin ofender les estaremos dando herramientas para la convivencia.

A las reglas y normas de convivencia. Dentro de la propia familia, en los colegios, en las casas de amigos o en lugares recreativos siempre hay normas que tienen como base el respeto. Si las seguimos y les enseñamos a respetarlas estarán aprendiendo que los deseos personales no deben estar por encima del bienestar de los demás, que las leyes se respetan. Si lo aprenden pronto, nos ahorraremos unos cuantos adultos que irrespetan desde las leyes de tránsito hasta un asiento o lugar en la fila, y también nos ahorraremos funcionarios corruptos que demuestran desinterés por cómo sus acciones afectan a los demás. Solo hay que tener cuidado con fomentar una obediencia ciega, porque eso tampoco hace bien a los niños: Unas normas o reglas que impliquen un daño o inciten a faltar el respeto a uno mismo o a los demás no deben ser cumplidas y eso es importante que lo aprendan a tiempo.

A la naturaleza. Allí está la vida misma y de allí se aprende. Si no descubren el cuidado por las mascotas y la importancia del equilibrio y funcionamiento adecuado de las leyes de la naturaleza, poco entenderán la profundidad de su paso por esta tierra. Algo de divino hay en eso y es necesario que lo descubran para que puedan entender también que toda acción lleva una consecuencia y que vivimos en un mundo integrado en el que lo que hacemos está encadenado a algo más grande que nos incluye a todos.

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