Reiniciar la familia. La mayoría de nosotros ya ha leído en algún lado -o se habrá dado cuenta- que eso de "vivieron felices para siempre" es una frase peligrosa de los cuentos. Peligrosa porque da la falsa idea de que la felicidad de una pareja o un hogar no depende del esfuerzo que se haga en equipo y que es mas bien un regalo eterno tras haber soportado o superado alguna prueba.

 

Cuando las cosas entre las parejas y en las familias dejan de deslizarse sobre ruedas entramos en crisis y a veces hasta parece que no tiene más sentido la convivencia. Muchas de esas crisis son superficiales y a veces hasta pasan sin que se sienta que son tales. Sin embargo, hay otras que son más profundas pero que comparten con aquellas el que son fruto del amor y de la misma convivencia. Son parte del paquete, pues.

Para ese tipo de fallas los teléfonos celulares, electrodomésticos y aparatos eléctricos vienen equipados con la opción de reiniciar y, al activarla, el sistema comienza de cero. Las personas no venimos programadas con esa opción y tampoco con las instrucciones para hacerlo. Ademas, las recetas ya hechas no funcionan al pie de la letra y por igual en todos los seres humanos porque vivimos en un constante cambio y tenemos cada uno nuestras propias peculiaridades.

Reiniciar la familia o la pareja sí vale la pena. Debe agotarse esta posibilidad antes de que cada quien haga maletas y se tomen caminos separados. No se trata de tolerar o aguantar convivencias riesgosas para la vida o la dignidad. Se trata de reiniciar con nuevas reglas y normas de convivencia que partan de la nueva realidad y que hayan sido consensuadas. Se trata de comprometerse con la honestidad y hablar todo lo que se siente y piensa para ampliar la perspectiva. Se trata de cambiar no solo la actitud, sino también el exterior, como por ejemplo remodelar la casa, cambiar el color de las paredes o mover los muebles de lugar para estar en sintonía con la novedad, los cambios y las buenas intenciones. Se trata de buscar apoyo o ayuda si hace falta y de empoderar la voluntad para cimentar la base de la familia en la que nuestros hijos van a crecer y luego replicar. No es fácil, puede que no a todos nos guste tanto esfuerzo, pero no podemos esperar felicidad y un mejor lugar para vivir, sin haber hecho casi nada para alcanzarlo.

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