Un Salesiano en Kosovo

Un nuevo hermano en casa: Yassen. No suelo estar todos los sábados en la “casa-familia” de Torre Anunziata, pero esta vez tuve bastante suerte. El sábado, poco después de las once de la noche, llamó la policía queriendo saber si teníamos espacio para acoger a Yassen, un joven marroquí que habían encontrado en una estación de metro. Fueron tres horas en las que todo tipo de personalidades o problemas pasaron por nuestras mentes: ¿Y si escapa? ¿Y si trae droga? ¿Y si roba? ¿Habla italiano? Distintos panoramas sin el mínimo indicio o sugerencia y basados en las distintas experiencias que ya hemos vivido.

Camino de Santiago 2018.- Si hasta ahora no han bastado estos días para entender lo que en Santiago he vivido, cuánto más me hará falta por escribir, vivir, meditar y contemplar esta experiencia. Mientras caminábamos por ratos nos pasaba en la mente el famoso poema de Machado (hecha canción por Serrat) “caminante no hay camino, se hace camino al andar”. Aunque el camino estaba muy bien señalado, faltaba tanto en mí por caminar. Caí en cuenta que la primera invitación que el Señor me estaba haciendo era esa precisamente: esta vida decidirme a caminar.

Visita al santo Padre. Un salesiano en Kosovo. Aprovecho para contarles la hermosa oportunidad que tuve de saludar personalmente al Santo Padre.

Nuevas misiones.-Todos los fines de semana viajo con Savino a Torre Annunziata, un pequeño municipio al sur de Nápoles a los pies del Vesubio, para encontrar la comunidad que vive en el corazón del lugar y que hoy atiende una parroquia, un oratorio y dos casas de acogida para menores, una experiencia propia de nuestra presencia salesiana en el sur de Italia.

Giuseppe Liano es misionero salesiano de Centroamérica en Kosovo. Después de un período ausente, finalmente vuelvo a escribirles.  Han sido meses llenos de tantas experiencias, mociones, emociones, rostros, lugares, etc. Que para detenerme a describir cada una haría falta un mail larguísimo y que ustedes dispongan del tiempo y la paciencia para leerme. Prefiero ser breve y conciso, para no perderlos como lectores.

La alegría de servir al Señor. Las historias de los misioneros me han siempre fascinado. Su capacidad de donarse enteramente, de llevar la fe como regalo a tantos y el amor ardiente que en ellos vemos, son para mí un modelo de nuestra consagración a Dios. Por eso, desde que entré en la Congregación, me he preguntado ¿por qué no puedo ser como ellos? Y cada vez que me lo preguntaba, sentía como en el corazón se me encendía aún más la llama del deseo por donarme como ellos a las misiones.