SanMiguel El padre Guerrino Giacomel, salesiano italiano, fue destinado a la comunidad del Instituto Salesiano San Miguel, en la ciudad de Tegucigalpa, Honduras. Allí encontró, detrás del gimnasio, un espacio lleno de cosas fuera de uso.



Consigo llevaba la experiencia de haber echado a andar pequeños talleres para muchachos sin formación técnica tanto en Antigua Guatemala como en la parroquia Divina Providencia, en Guatemala capital. En su nuevo destino se le encendió de nuevo su pasión por los talleres para jóvenes pobres. El mismo asumió el rol de instructor para los primeros 25 obreros al estilo de Don Bosco en Turín, Italia.

El éxito de este primer ensayo lo impulsó a presentar a la comunidad salesiana un proyecto de mayor alcance, idea que fue aprobada. Es así que, en marzo de 1985, el Padre Giacomel visita una entidad católica en Alemania, la cual asume el financiamiento.

El 27 de abril de ese mismo año se abre la matrícula en las aulas del Instituto San Miguel y un centenar de obreros se inscriben en cursos de electricidad, fontanería, tapicería y mecánica automotriz.
La Institución Salesiana asumiría dicho proyecto, apoyando y ampliando la oferta educativa. Además de carreras técnicas, se promueve los valores humanos y se apoya la inserción laboral de los egresados.
Este proyecto educativo, que con el tiempo fue creciendo, ha contado con ayuda financiera de organismos de cooperación de Estados Unidos, Suiza, Alemania, Bélgica, entre otros.

El Centro de Formación Profesional, con el paso de los años, ha implementado nuevas carreras técnicas como mecánica automotriz, industrial, de motocicletas, informática y soldadura. También ha incluido cursos técnicos como reparación de celulares, electricista, técnico en instalación de tablayeso, diseño gráfico, programación, redes, estilista y operarios de restaurante.

Actualmente el CFP San Juan Bosco ofrece ocho áreas de formación técnica complementada: mecánica automotriz, mecánica de motocicletas, electricidad residencial y sistemas fotovoltaicos, refrigeración y aire acondicionado, diseño gráfico/sublimación, soporte de sistemas informáticos, estilismo y cosmetología, barbería, panadería y repostería.

Al concluir los estudios, el CFP ayuda a los jóvenes a vincularse en prácticas profesionales, conseguir un empleo o iniciar su propia empresa, dándoles los insumos necesarios.
A lo largo de sus 35 años, el CFP ha contribuido a mejorar la calidad de vida de más de 40 mil jóvenes.

 

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