Taller3 En los tiempos de Don Bosco, él y otros sacerdotes, sensibilizados por el estado de indigencia de la juventud pobre, respondieron, en distinta medida, a sus necesidades materiales, culturales e intelectuales.

 

Don Bosco vio inmediatamente la urgencia de ayudar a la gente joven a encontrar un empleo estable. Esto aseguraría, junto con la religión y una guía moral, la formación de buenos ciudadanos.

El establecimiento de talleres en el Oratorio estuvo motivado por un propósito educativo y protector, guiado, también, por consideraciones prácticas. Algunos chicos no podían hacer otra cosa. Su educación, si es que tenían alguna, no había ido más allá de una alfabetización básica. Eran pobres y tenían grandes necesidades. Los jóvenes aprendían un trabajo en los talleres que les proporcionaba un modo de ganarse la vida. Además, surtían de ropa y calzado a todos en el Oratorio. La comunidad estudiantil en Valdocco, así como más tarde otras escuelas salesianas, y la gente del barrio, eran los clientes y beneficiarios de los talleres. Seguramente los artículos que se producían eran de baja calidad, como no podría ser de otra manera dado lo primitivo de las instalaciones y la falta de artesanos profesionales, pero eran baratos.
El empeño se centraba en mejorar las habilidades de los jóvenes en su trabajo para que les fuera más fácil ganarse la vida.

Los talleres de la época eran casi como tiendas medievales con un objetivo limitado. No daban un certificado de las habilidades adquiridas que proporcionara acceso a una forma de vida mejor. En ellos se perpetuaban tradiciones ancestrales de clase. Eran caminos cerrados, gente tan marcada que no encontrarían luego posibilidades de crecer socialmente.

En la década de los cincuenta, Don Bosco se dio cuenta de la necesidad que había de talleres y se enfrentó a ella. Pero el obtener habilidad para el trabajo a través de una educación sistemática que pudiese abrir caminos para ascender en la escala social tendría que esperar a un mejor momento, unos 25 o 30 años después. Solo entonces el sistema de talleres se desarrollaría hasta llegar a ser una escuela profesional.

Mientras supervisaba las posibilidades en esos primeros años, Don Bosco percibió instintivamente que el camino para mejorar la condición social de un joven era a través del estudio. Ya que el aprendizaje de un oficio en un taller parecía ser simplemente una forma de adquirir un medio de vida y nada más. Don Bosco no habría mandado a un joven a los talleres si el joven podía seguir un camino diferente. Por sí sola esa intuición justificaría el gran empeño de Don Bosco por educar a través de las escuelas.

Fuente: Don Bosco:Historia y Carisma 2, Arthur J. Lenti.

 

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