hijoProdigoEs difícil perdonar. Cuanto nos cuesta perdonar a los demás. Qué gran regalo nos ha hecho el Señor enseñándonos a perdonar – o, al menos, tener la voluntad de perdonar – para experimentar en carne propia la misericordia del Padre.

Foto de: kranich17Cuando Dios perdona, su perdón es tan grande que es como si olvidase. Una vez que estamos en paz con Dios por su misericordia, si le preguntáramos al Señor: - Pero, ¿te acuerdas de esa cosa fea que he hecho?, la respuesta podría ser: - ¿Cuál? No me acuerdo...».

Foto de: KlannekeEl adulterio, junto a la blasfemia y la idolatría, era considerado un pecado gravísimo en la ley de Moisés, sancionado con la pena de muerte por lapidación. El adulterio, en efecto, va contra la imagen de Dios, la fidelidad de Dios, porque el matrimonio es el símbolo, y también una realidad humana de la relación fiel de Dios con su pueblo.

Foto de: BSCAMUna vez que hemos sido revestidos de misericordia, aunque permanezca la condición de debilidad por el pecado, esta debilidad es superada por el amor que permite mirar más allá y vivir de otra manera.

Foto de: michal jarmolukLos efectos públicos son parte del perdón actualizado por Jesús en la escena de Zaqueo (Lc 19,1-10).

Foto de: GilmanshinSaber perdonar es un arte del espíritu. Comporta, como mínimo, dos cosas. Una es aceptar y entender al agresor. Esto no significa justificar algo que puede ser terrible; significa no derivar la experiencia de la agresión en odio al agresor, sino en entender al que hace el mal como persona, incluso en su malicia.

El perdón es ante todo una decisión personal, una opción del corazón que va contra el instinto espontáneo de devolver mal por mal.
Dicha opción tiene su punto de referencia en el amor de Dios, que nos acoge a pesar de nuestro pecado y, como modelo supremo, el perdón de Cristo, el cual invocó desde la cruz: « Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen » (Lc 23, 34).