P. Darío Herrera, salesianoPor entre las cabezas de la gente que abarrotaba la cripta mortuoria de la Iglesia Don Rúa se podía  ver a una niña acólita que lloraba calladamente. Ella estaba cerca del ataúd que contenía los restos mortales del P. Darío Herrera.

El obispo salesiano, Elías Bolaños, dirigía las últimas oraciones antes de que el ataúd fuera depositado en el espacio preparado en la pared. No podíamos ni movernos por lo apretujados que estábamos. El llanto silencioso de la niña fue el gesto más exquisito de todos los homenajes tributados al P. Darío.
Hacía poco que habíaconcluido una impresionante misa exequial en la espaciosa iglesia de María Auxiliadora. Cuarenta sacerdotes alrededor del altar. Una multitud de monaguillos y monaguillas, ágiles y entrenados, cumplían con precisión sus diversos servicios. El coro guiaba con maestría los solemnes cantos piadosos.

Claudio Maroto GabarrusMi padre, Claudio Maroto Gabarrus fue un hombre de acrisolada honradez y cumplimiento del deber. Había nacido el 2 de febrero de 1921. Contrajo matrimonio con Ligia Marín Zeledón, el amor de su vida. Falleció en San José, Costa Rica, el 6 de enero del 2008.

Tenía una inagotable fuente de energía. El amor de su vida fue su esposa, su amada Licky (Ligia), de quien decía “es la mujer más linda del mundo y la dueña de mi corazón”. Fue un hombre amante del trabajo, auditor y contador de profesión, agente de seguros con vocación y honradez. Extendió las fronteras de  atención de oferta de seguros del Instituto Nacional de Seguros a las provincias más lejanas y a todas las personas. Su ingeniosa propuesta se convirtió en herramienta insustituible de bendiciones en muchos hogares. Se aventuraba a vender seguros hasta en los rincones más apartados de la geografía nacional.