Conociendo-a-DBA principios del año 1872, Don Bosco se recuperaba en la ciudad de Varazze de la penosa enfermedad que lo había tenido postrado durante más de tres meses alejado de su querido oratorio de San Francisco de Sales. A pesar de haber estado a las puertas de la muerte, su pensamiento estaba siempre en Turín; su corazón, en medio de sus muchachos. En febrero escribía a Don Rua expresándole su deseo de estar pronto en casa:

 

El jueves próximo, si Dios quiere, estaré en Turín. Siento una gran necesidad de llegar. Yo vivo aquí con el cuerpo, pero mi corazón, mis pensamientos y hasta mis palabras están siempre en el Oratorio, en medio de ustedes”.

conociendo-a-DOn-Bosco-1Cuántas veces le preguntaría Don Bosco a sus muchachos: “¿Te quieres quedar con Don Bosco?. La mirada asombrada e ilusionada de muchos de ellos expresaba de forma elocuente el deseo de un “Sí” largamente acariciado y esperado. Y para todos la promesa: “Te prometo pan, trabajo y paraíso”. Sonó tan creíble la propuesta, que muchos no dudaron y el corazón joven y apasionado de Juan Cagliero exclamó : Fraile o no fraile… ¡me quedo con Don Bosco!”

Así fue siempre. Don Boco les ofrecía el pan de cada día que no habría de faltar nunca en la mesa del pobre. Y aunque no hubiera más que un pedazo, lo partiría a medias con ellos. Sus muchachos sabían que era cierto.

Pero les aseguraba también el pan de la Eucaristía, el pan tierno del encuentro con Jesucristo, el Señor de la vida; y con Él, les ofrecía el trigo limpio de la educación, la blanca harina del cariño y la amistad, la levadura de un futuro nuevo que sería amasado -les decía-con esfuerzo y compromiso.

conociendo-a-DBSabemos bien que en el epistolario de Don Bosco encontramos numerosas cartas dirigidas a jóvenes con los que mantuvo contactos puntuales o relaciones más dilatadas en el tiempo. En ellas Don Bosco se muestra como un buen acompañante espiritual. Toca el corazón de las personas, abre caminos en el proyecto vital de los jóvenes y orienta espiritualmente. Leemos en una de esas cartas dirigida al joven Severino Rostagno en septiembre de 1860:

“Ánimo, pues, hijo mío; sé firme en la fe, crece cada día en el santo temor de Dios; guárdate de los malos compañeros como de las serpientes venenosas; frecuenta los sacramentos de la confesión y la comunión; sé devoto de María Santísima y ciertamente serás feliz”.

Severino tenía 15 años y era huérfano de padre. Ese mismo año de 1860, en noviembre, entró en el Oratorio de Valdocco como estudiante, si bien estuvo en la casa solo un año.

conociendo-a-DB-1A diferencia de otra familias religiosas, en nuestros orígenes no hay grandes personajes intelectuales o de renombre científico o teológico. Don Bosco funda nuestra Congregación con un grupo de sus muchachos de la primera hora. Eran chicos de la calle. Crecieron con él y junto a él descubrieron horizontes nuevos por los que valía la pena apostar la vida entera. 


Aquellos jóvenes decidieron quedarse con Don Bosco porque el pan prometido nunca se agotaba y era repartido a manos llenas a los pobres; el trabajo anunciado era la alegría de la entrega cotidiana y sin reservas; el paraíso, una esperanza cierta que hundía sus raíces en la misericordia y la ternura de Dios.

Conociendo-a-DB-1Al mismo tiempo que el Oratorio de Valdocco se desarrollaba con la ampliación de nuevos talleres y la construcción de nuevos edificios, Don Bosco se empleaba a fondo para cuidar el ambiente positivo y pastoral de la casa. 

A finales de los años cincuenta, comenzó a dar vida a diferentes asociaciones juveniles que fueron pensadas como auténticos movimientos educativo-pastorales destinados a hacer madurar la fe de sus muchachos y a proyectar un ambiente de piedad y de apostolado en todos los niños y jóvenes de la casa.

Don Bosco logró progresivamente un importante núcleo de fervor entre sus muchachos que se expresaba, además, en un compromiso de coherencia personal en sus estudios y obligaciones, así como en el servicio solidario a los propios compañeros, especialmente a los que más lo necesitaban.

Conociendo-a-DB-1Al mismo tiempo que el Oratorio de Valdocco se desarrollaba con la ampliación de nuevos talleres y la construcción de nuevos edificios, Don Bosco se empleaba a fondo para cuidar el ambiente positivo y pastoral de la casa. 

A finales de los años cincuenta, comenzó a dar vida a diferentes asociaciones juveniles que fueron pensadas como auténticos movimientos educativo-pastorales destinados a hacer madurar la fe de sus muchachos y a proyectar un ambiente de piedad y de apostolado en todos los niños y jóvenes de la casa.

Don Bosco logró progresivamente un importante núcleo de fervor entre sus muchachos que se expresaba, además, en un compromiso de coherencia personal en sus estudios y obligaciones, así como en el servicio solidario a los propios compañeros, especialmente a los que más lo necesitaban.

Conocer-a-DOn-Bosco1En 1848, cuando el Oratorio de San Francisco de Sales todavía luchaba por consolidarse, Italia vivía tiempos de revolución. El papa Pío IX, amenazado por la revuelta popular y el poder político que quería despojar al pontífice del poder temporal que ostentaba, se exilió de Roma para poder garantizar su seguridad.

Al margen de las causas políticas que provocaron tal situación, el acontecimiento del exilio papal creó en Don Bosco y sus muchachos un hondo pesar. Como para muchos católicos de su tiempo, la preocupación por la situación de amenaza que vivía la iglesia provocó una corriente de solidaridad y simpatía hacia el pontífice que se concretó en numerosos signos de apoyo incondicional al “vicario de Cristo”.

Corría el año de 1849 cuando en el Oratorio de Valdocco Don Bosco propuso a sus muchachos una colecta para recaudar fondos y ayudar al Santo Padre. El mecanismo se pone en marcha con la necesaria motivación pedagógica y aquellos muchachos, entre el abandono y la necesidad de supervivencia, logran recaudar de sus bolsillos maltrechos 35 liras.

CDBoscoEn un ambiente positivo, de extraordinaria familiaridad y confianza, Don Bosco propone a sus chicos una experiencia de hondura creyente y de radicalidad evangélica. En el oratorio, la educación se convierte en un auténtico lugar teológico para la evangelización. Algunos no supieron compartirlo, otros vivieron rutinariamente una religiosidad capilar, pero muchos de sus jóvenes encontraron en él a un maestro de espíritu que les acompañó en el descubrimiento de Dios, en quien centraron la propia vida porque fue ese el tesoro más preciado que encontraron nunca.

Junto a Don Bosco experimentaron la bondad y la misericordia de Dios, descubrieron el gozo del perdón y la grandeza del proyecto de vida de las bienaventuranzas del Reino. Jesucristo fue su amigo; su palabra, camino de vida; la Eucaristía, fuerza para vivir una entrega cotidiana sencilla y generosa.

Conociendo-a-Don-BoscoEl 30 de octubre de 1835, el joven Juan Bosco entraba en el Seminario para iniciar su preparación al sacerdocio. La tarde anterior, Mamá Margarita llamó a su hijo y le dijo:

 

“Querido Juan, cuando viniste al mundo te consagré a la Santísima Virgen; al iniciar los estudios te recomendé la devoción a nuestra madre; ahora te aconsejo ser todo suyo: ama a los compañeros devotos de María y, si llegas a ser sacerdote, recomienda y propaga siempre la devoción a María”.

 

El mismo Don Bosco recuerda con cariño las palabras de su madre en las Memorias del Oratorio. Juan, con lágrimas en los ojos, le respondió:

“Madre, le agradezco cuanto ha dicho y hecho por mí; sus palabras no han sido dichas en vano y las conservaré como un tesoro durante toda la vida”.

Conociendo-a-DB1-Todo comenzó en un cobertizo. Hoy, la capilla Pinardi recuerda con un estupendo fresco del  en el frontal de la pequeña iglesia, que aquel domingo de abril, cuando Don Bosco y sus muchachos llegaron a aquel lugar, era Pascua. Él mismo lo recuerda en las memorias del oratorio.

 Reuní a los chicos a mi alrededor y me puse a gritar con voz ponente: “Ánimo, hijos míos, ya tenemos un Oratorio más estable que en el pasado; tendremos una iglesia, sacristía, locales para clases y terreno para jugar. El domingo iremos al nuevo Oratorio que se encuentra allá en casa Pinardi”, y les señalaba el lugar… Al domingo siguiente, solemnidad de Pascua, 12 de abril, trasladamos todos los enseres de la iglesia y los juegos, para tomar posesión del nuevo local.

Don Bosco recordó bien aquella fecha. Era Pascua de Resurrección. Como si de un nuevo renacer se tratase, como si Cristo Resucitado, liberado de los brazos de la muerte, abriese de nuevo en dos el mar para que Don Bosco y sus muchachos, atravesando hacia la orilla, llegasen a la tierra prometida; Valdocco era el cumplimiento del sueño, el lugar señalado por Dios para llevar adelante su obra liberadora a favor de los jóvenes más abandonados y en peligro.

CDB2Don Bosco escribió en 1847 un manual de oración para sus muchachos del oratorio. Lo tituló “El joven instruido” y fue una referencia constante en la vida de Valdocco y de la futura congregación salesiana durante generaciones. No era tan solo un manual, sino que además contenía una propuesta espiritual donde nuestro padre expresó su manera de entender la vida cristiana de los jóvenes.

En el prólogo, Don Bosco escribió:

“Queridos jóvenes, los amo de todo corazón y me basta que sean jóvenes para que los quiera de verdad (…). Alcen los ojos, hijos míos y miren hacia lo alto…”

conociendo-a-Don-Bosco-2Coincidirán conmigo en que, a veces, los recuerdos más sencillos que guardamos en nuestra mente son los más elocuentes y expresivos. Los pequeños sucesos aparentemente sin importancia le dan la viveza necesaria y el colorido más hermoso a la realidad que atesora nuestra memoria.

Eso sucede también con nuestra historia salesiana. Los recuerdos más simples de aquellos primeros años del inicio del Oratorio nos sitúan ante la frescura de una manantial naciente que nos regala el agua cristalina y fresca de un torrente en crecida.

 

Juan Bautista Francesia, uno de los primeros muchachos que se quedan con Don Bosco en Valdocco, nos ha transmitido el recuerdo de pequeños sucesos que acaecían en un perdido rincón del Piamonte italiano.