CDB1En julio de 1854 la ciudad de Turín se disponía a hacer frente a una epidemia de cólera que amenazaba con hacer grandes estragos, sobre todo entre la población más débil y desprotegida. Desde las administraciones públicas se daban instrucciones para la prevención, de manera que se pudiera hacer frente a la enfermedad en las mejores condiciones higiénicas y sanitarias posibles.

Inevitablemente, a finales de julio, la epidemia empezó a golpear en los barrios más pobres, extendiéndose con facilidad a toda la ciudad.

Don Bosco tenía albergados en casa a casi un centenar de muchachos e hizo todo lo que estuvo en su mano para que el Oratorio conservara condiciones higiénicas óptimas y los muchachos pudieran estar preservados ante la mortal enfermedad.

Pero enseguida se dio cuenta de que no era suficiente. No podía permanecer encerrado en su casa asegurando el cuidado de sus chicos mientra allá afuera la gente se moría y sufría lo indecible. Una vez más, la casa del pobre se hace cauce de solidaridad y Don Bosco decide proponer a sus muchachos unirse al movimiento de voluntarios que se está organizando por toda la ciudad. 

conocer-a-Don-Bosco-1Escribe Don Bosco en las Memorias del Oratorio, refiriéndose a los orígenes de Valdocco y el inicio de los talleres en el Oratorio: “Apenas se pudo disponer de otras habitaciones, aumentó el número de aprendices artesanos, que llegó a ser de quince; todos escogidos de entre los mas abandonados y en peligro” (en el original añade: 1847).

 

Don Bosco escogió –lo expresa él mismo con claridad– , a los jóvenes más abandonados y en peligro para el inicio de su Oratorio. En nuestra familia, la preocupación por los últimos, por los más pobres, por los más abandonados ha sido siempre una constante y es una herencia comprometedora que hemos recibido de nuestro padre.

conocerdbMe conocen en todo el mundo como un santo que ha sembrado a manos llenas mucha felicidad. Así, como ha escrito alguno que me conocía muy bien, he hecho de la alegría cristiana el undécimo mandamiento. La experiencia me ha convencido que no es posible un trabajo educativo sin este maravillosa motivación, este estupendo camino que es la alegría.  

Te estoy hablando de la felicidad verdadera, aquella que nace del corazón de quien se deja guiar por el Señor. La risa estruendosa, el ruido inoportuno son cosas de un momento; la alegría del cual te hablo viene de dentro, y permanece porque viene de Jesús, cuando es acogido sin reservas. Siempre acostumbraba afirmar “Estén alegres, pero que su alegría esté lejos del pecado”. Y para que mis muchachos estuvieran plenamente convencidos agregaba. “Si quieren que su vida sea alegre y tranquila, deben estar en gracia de Dios, porque el corazón del joven que está en pecado es como el mar en continua agitación”. Les recordaba siempre que la “alegría nace de la paz del corazón”. Insistía: “Yo no quiero otra cosa de los jóvenes sino que sean buenos y que estén siempre alegres”.  

conocerdbCuenta el mismo Don Bosco, en las Memorias del Oratorio, en los inicios de su proyecto con los jóvenes de Turín en 1842:

“Dedicaba enteramente los días festivos a estar con los muchachos: durante la semana, los visitaba en pleno trabajo, en talleres y fábricas. Esta iniciativa constituía un gran consuelo para los chicos, al encontrar un amigo que se ocupara de ellos… Los sábados me desplazaba a las cárceles con los bolsillos llenos de tabaco, fruta o panecillos para granjearme el afecto de los jóvenes que tenían la desgracia de estar encarcelados; para asistirlos, ganarme su amistad…”.

Las palabras de Don Bosco nos estimulan y comprometen. ¡Ocuparnos de los jóvenes! Parece de Perogrullo el afirmar que los salesianos y la familia salesiana nos ocupamos de los jóvenes. Pero en la reflexión de Don Bosco hay elementos que nos deben hacer pensar.

Enfrentamiento con la marquesa Barolo Opción vocacional definitiva de Don Bosco

Don Bosco había sido contratado por la marquesa Barolo como capellán del Pequeño Hospital de Santa Filomena, que atendía a muchachitas discapacitadas. Cuando todavía estaba en construcción, la marquesa accedió a que el Oratorio podía usar los  “locales del capellán” para sus reuniones. Pero era inevitable que, al acercarse la terminación de la construcción del hospital, el Oratorio debiera encontrar otro lugar para reunirse. 

conociendoLa Sociedad de la Alegría era un grupo de chicos jóvenes, en su mayoría. Su fundación debe situarse en 1833.

¿Cómo se formó esta Sociedad? Don Bosco dice que se puso en contacto con los chicos de Morialdo (I Becchi, donde también la introdujo). En Chieri, sin embargo, Juan se encontraba en un ambiente social nuevo y diferente, en el que entró con miedo y ganas. Quiere tener amigos y hacerse popular, pero no a cualquier costo. Y “quien ha nacido entre bosques sabe cómo arreglárselas”, como él mismo dice. Reconoce que sus colegas estudiantes son “buenos, indiferentes o malos” y aprende cómo tratarlos. Rechaza sugerencias para llevarlo al teatro, a jugar una partida, a  nadar y a robar. Ya había superado insinuaciones semejantes en Castelnuovo.

Juan Bosco en la escuela de CastelnuovoJuan Bosco empezó a acudir a la escuela primaria de Castelnuovo en diciembre de 1830. El motivo de tan tardía asistencia fue que don Calosso murió el 21 de noviembre las clases habrían empezado el 3 de noviembre, después del día de Todos los santos, pero Juan estuvo enfermo durante algún tiempo después de la muerte de su benefactor.

 

Las relaciones de Juan con su madre en la niñez  fueron constructivas.¿Cómo afectó al desarrollo psicológico de Juan la pérdida del padre en su niñez? La ausencia de un padre en la niñez y adolescencia se considera un serio obstáculo en el desarrollo psicológico del niño. La pérdida en Juan se vio agravada por la situación en que se encontró la familia presidida por Margarita. La madre tuvo que entregarse a largas jornadas de trabajo en el campo, lejos de la casa para poner la comida en la mesa de una familia, que incluía la suegra enferma. Tuvo que luchar durante dos años con la sequía y la hambruna y, después, con más días de pobreza y dificultades, sin mencionar todos los otros problemas y presiones. La abuela Margarita Zucca vigilaba a  los chicos, pero una abuela no puede sustituir a una madre.

1877-Torino-terza-spedizionDon Bosco vivió en un ambiente poco favorable y en algunos aspectos contrario al desarrollo de las vocaciones eclesiásticas.

El mismo Don Bosco escribía recordando aquellos tiempos: “Un espíritu de vértigo se levantó contra las órdenes religiosas, y las Congregaciones eclesiásticas; después, en general, contra el clero y todas las autoridades de la Iglesia. Este grito de furor y de desprecio por la religión llevaba consigo la consecuencia de alejar a la  juventud de la moralidad, de la piedad; y por tanto de la vocación al estado eclesiástico. Por eso no había ninguna vocación religiosa y casi ninguna para el estado eclesiástico. Mientras las instituciones religiosas se iban poco a poco desintegrando, los sacerdotes eran vilipendiados, algunos metidos en la cárcel y otros en arresto domiciliario; ¿cómo iba a ser posible, humanamente hablando, cultivar el espíritu de vocación?”.

conociendodbEntre 1854 y 1855 sucedió una graciosa aventura. Don Bosco tuvo que mandar a un clérigo a Turín para un encargo bastante importante; tenía el muchacho los zapatos descosidos y deteriorados, y él, sin pensar en las consecuencias, se quitó de los pies los suyos y se los dio. El clérigo dijo a sus compañeros al salir: -Ya veremos cómo se las arregla hoy Don Bosco, porque no tiene zapatos.

Efectivamente Don Bosco mandó llamar a Buzzetti, Rúa y otros; pero ninguno de ellos tenía más zapatos que los puestos y no pudieron encontrar unos adaptados a la medida de Don Bosco. Al fin se encontraron unos zuecos. Pero es de advertir que era en pleno verano. A la hora de comer bajaba Don Bosco las escaleras, y todos los muchachos corrían ante el extraño ruido y reían al ver los zuecos que llevaba Don Bosco.

Pero lo mejor fue que, hacia las tres, se presentó un sirviente del conde Giriodi pidiéndole que fuera corriendo para atender a un enfermo de aquella noble familia. Don Bosco quería un coche para que nadie viese los zuecos, pero hacía falta mucho tiempo para encontrar uno, porque en aquellos tiempos había pocos estacionados en el centro de la ciudad y muy caros. Y había que ir enseguida.