Invitados a hacer lo que Él nos diga: Mirar Con el Aguinaldo Salesiano 2026, la Familia Salesiana es llamada a hacer una pausa en el camino, a cultivar una escucha atenta y a vivir una fe con libertad, disponibilidad y confianza. El Rector Mayor, don Fabio Attard, nos invita este 2026 a dejarnos conducir por una frase sencilla y, al mismo tiempo, profundamente exigente del Evangelio: “Hagan lo que Él les diga” (Jn. 2,5). En las bodas de Caná, ante la falta de vino, María presenta la realidad: la confianza plena en Jesús.

Don Fabio Attard nos recuerda en el mensaje del Aguinaldo quiénes somos: siervos, solo siervos; invitados a vivir una fe que no se impone, sino que se acoge con libertad y se expresa en el servicio. Una fe auténtica que transforma la vida cotidiana y nos impulsa a llevar el vino nuevo de Jesús a las realidades que habitamos, conscientes de los desafíos y del riesgo de una fe frágil que podría impedirnos compartir la bondad, la empatía y el amor con los demás.

“Hagan lo que Él les diga. Creyentes libres para servir”, este mensaje se despliega como un camino concreto unido en cuatro acciones fundamentales: mirar con fe la realidad, escuchar con el corazón, elegir con libertad y actuar con generosidad.

 

 

Mirar al estilo de María

En el relato evangélico de las bodas de Caná, retomado con fuerza en el Aguinaldo Salesiano 2026, María aparece como una figura profundamente cercana a la vida y comprometida con la realidad. Ella “no era un huésped neutro”, sino una mujer atenta a lo que sucedía a su alrededor. En medio de una fiesta que corría el riesgo por la falta de vino, María percibe la necesidad y decide no permanecer indiferente. Su gesto sencillo, presentar la situación a Jesús, revela una fe viva que no se evade de la historia, sino que se implica en ella con confianza.

Este rasgo de María invita directamente a quienes viven la misión salesiana hoy. En un mundo marcado por el anonimato y la indiferencia, es fácil adoptar una postura distante frente a los problemas que afectan a los demás, pensando que ciertas realidades “no me tocan” o “no son mi responsabilidad”. Sin embargo, el Aguinaldo recuerda que la fe auténtica exige una mirada atenta y un corazón sensible, especialmente en el ámbito educativo y pastoral, donde se acompaña la vida de los jóvenes, de los pobres y de los más vulnerables.

El mensaje nos recuerda que los desafíos y las dificultades no deben ignorarse ni dejarse para después. María no pasa por alto la falta de vino ni espera que otros actúen; mira y reconoce la necesidad y la pone en manos de Jesús con fe. Esta misma actitud la vivió Don Bosco, quien respondió a las necesidades de los jóvenes sin dejarse frenar por la falta de recursos, confiando más en la generosidad del corazón que en los cálculos humanos. Por eso, el Aguinaldo nos invita a cuidarnos de una actitud cómoda o indiferente y a recordar que los pobres y los jóvenes más necesitados no llegan por casualidad, sino que son un regalo que la Providencia pone en nuestro camino para ser acompañados con amor y responsabilidad.

Finalmente, en esta primera acción de mirar, el mensaje nos invita a reconocer que Dios se hace presente en los gestos simples de cada día. Una palabra de ánimo, una sonrisa sincera o un momento para escuchar con atención pueden convertirse en señales concretas de su amor. En la experiencia salesiana, el “patio” es ese lugar donde esta cercanía se hace visible, cuando educadores y agentes pastorales viven su misión con afecto, alegría y presencia real junto a los jóvenes. De este modo, María continúa animándonos a no ser indiferentes y a avanzar con confianza, sabiendo que la misión se construye paso a paso, porque, como dice el poeta Antonio Machado, “caminante, no hay camino, se hace camino al andar”.

 

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