Morales-ErnaldoEn la culminación de mis cincuenta años de vida sacerdotal me siento privilegiado con el Señor. Considero una gracia especial del Señor haber perseverado hasta ahora: 50 años de sacerdote, 60 años de salesiano y  80 años de vida.

Es el Señor quien toma la iniciativa para que seamos sus colaboradores y estemos con él. Las palabras de Jesús me lo recuerdan: No son ustedes los que me han elegido, soy yo quien los he elegido y los he destinado para que vayan y den fruto.

La vida del sacerdote es azarosa y exigente. En mí se ha cumplió lo que Mamá Margarita pronosticaba a Don Bosco: Acuérdate, Juan, que comenzar a decir misa es comenzar a sufrir. En mi preparación al sacerdocio y después de la ordenación sacerdotal no han faltado tropiezos y sufrimientos. El Señor lo ha permitido para fortalecer mi vocación y perseverar en ella.

Vengo de una familia cristiana normal. El Señor nos ha bendecido con una familia grande: once hijos, de los cuales quedamos siete, dos somos sacerdotes salesianos. Mi hermano Enrique está cumpliendo 46 años de sacerdocio.

José Enrique Leiva Alpízar y familia. Soy José Enrique Leiva Alpízar, tengo 27 años. Soy el mayor de cuatro hermanos, fruto de un matrimonio de casi treinta años de unión sacramental.

perfil-1El P. Francisco Ballesteros celebra los cincuenta años de su ordenación sacerdotal. En efecto, fue ordenado presbítero salesiano el 5 de abril de 1964 en Guatemala.

 

Desde entonces ha dedicado su vida sacerdotal a la educación de los jóvenes en varios colegios salesianos de El Salvador, Nicaragua, Costa Rica, Panamá y Guatemala.

En el trabajo educativo ha asumido diversidad de funciones: pastoralista, director de estudios, administrador y director de colegio. 

 

Durante su etapa formativa se ejercitó como auxiliar en la formación de seminaristas en el seminario diocesano de San Vicente, en El Salvador.

 

Actualmente colabora en la vida pastoral de la Parroquia María Auxiliadora, en San Salvador, El Salvador, desde hace ocho años.

Perfil-2“Mirar siempre hacia adelante. Queriendo ser, se llega a ser. Llevar la vida que corresponde a la del sacerdocio”. Esta fórmula sintética expresada por el P. Mangana como consejo para las generaciones jóvenes, podría ser también su autoretrato.

 

Sus exalumnos lo recuerdan con cariño y admiración. Hombre recio, trabajador tenaz, firme en sus exigencias de disciplina y estudio, se diría que es el prototipo del salesiano que ha vivido totalmente su vida volcada al servicio educativo.

 

Nació hace ochenta años en Junquera de Ambia, Orense, España, en una familia compuesta por siete hijos y dos hijas. A los catorce años aceptó la invitación a seguir a Don Bosco.

 

Terminado el año de noviciado en Antequera del Valle, pronunció sus votos de religioso salesiano a los veinte años de edad. Sus diez años de formación salesiana y sacerdotal los vivió sucesivamente en Antequera (España), San Salvador (El Salvador), Guatemala (Guatemala) y Salamanca (España). 

Sesenta años de sacerdocio

perfil-2El P. Jorge Miranda, salesiano salvadoreño, a sus 86 años de edad, sigue fiel a su ministerio de confesor. Con las fuerzas disminuidas por la edad y la enfermedad, se dirige diariamente a su confesonario para impartir la misericordia de Dios sobre los penitentes que a él acuden numerosos en la Parroquia María Auxiliadora, de San Salvador, El Salvador.

 

Igual fidelidad mantiene en la vida de la comunidad salesiana. Puntual en los momentos de oración comunitaria y en los encuentros fraternos. Su buen humor, sazonado con frecuencia con una ironía cariñosa, pone el toque simpático en las relaciones entre hermanos de la comunidad.

Perfil-1Cincuenta años de sacerdocio

 

Glorificar  al  Señor es lo primero que me viene a la  mente.  Darle gracias porque me  escogió. Y a María Virgen que me protegió,  me asistió  y me concedió  gracias  de todo tipo. También a san Juan  Bosco, que   estuvo conmigo desde  que yo era  pequeño y me  ayudó a entrar  con los   salesianos en la Escuela  San Juan Bosco de Santa Ana,  El  Salvador, luego al Aspirantado y siempre  me  acompañó  ayudándome en  lo económico, en  los estudios e  infundiéndome su espíritu. 

 

Gracias  a mis superiores  y formadores, que supieron  comprenderme. Gracias  a mis  compañeros que también fueron  mis amigos. Gracias  a  todos los me  apoyaron  durante  mi vida. Gracias  a mis padres y  a mi familia  que estuvieron siempre conmigo. Gracias a los jóvenes  por el cariño  que me han manifestado.

p1Dice la Palabra de Dios que la vida del hombre puede llegar a los setenta años y, si es robusto, hasta los ochenta. En cuanto a mí, casi contemporáneamente he logrado dos marcas: los ochenta de edad y los cincuenta de sacerdocio. Debo reconocer que ni yo sé cómo lo he logrado. No he sido un roble macizo. Más bien, me comparo a una palmera que ha sorteado huracanes y tornados desde muchacho: enfermedades y operaciones tantas que perdí la cuenta.Aquí estoy contando el cuento hasta que Dios diga.

 

Huérfano de madre a los seis años. La bondad de Dios me llamó a los trece años al seminario menor de San José, Costa Rica. Me encantó tanto esa vida de estudio, oración y futbol que ya a los quince pude volar a El Salvador para continuar mis estudios en la colina de Ayagualo; era el 1948. Allí transcurrí varios años en un ambiente de austeridad y pobreza, pero agradable para quien tiene un ideal por delante.