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Dios tiene un proyecto: rescatar, sanar y dar vida en Cristo. / Fotografía: Sun-Shock“Dios Padre, en atención a Jesucristo, nos ha elegido antes de la creación del mundo, para que seamos santos y sin defecto alguno, por medio del amor. Nos ha elegido de antemano por medio de Jesucristo, para ser sus hijos adoptivos, porque así lo quiso voluntariamente, para que alabemos su gloriosa benevolencia, con la que nos agració en el Amado” (Ef 1,4-6).

El amor que se promete ante Dios se convierte en una fuerza que sostiene a toda la familia.No solemos apreciar suficiente lo bueno que tenemos hasta que lo perdemos. Se pone como ejemplo la pérdida de la vista. Acostumbrados a gozar de sus beneficios no somos conscientes de su gran valor.

En los rostros del sufrimiento humano se refleja el misterio de una libertad herida.Por qué permite Dios el dolor. Pero ¿lo permite realmente?

Ocurre que la libertad va indisolublemente unido a la responsabilidad. Nuestras acciones tienen consecuencias. Con mi libertad construyo mi vida, e influyo, positiva o negativamente, en las vidas de los demás y, a la vez, la libertad de los demás influye en mi propia vida, positiva o negativamente. La sociedad humana es una continua interrelación de unos con otros, y nos hacemos sufrir unos a otros con frecuencia. Consciente o inconscientemente.

Los jóvenes tienen grandes sueños, pero deben ser animados a ¡soñar! y nosotros educadores, educadoras tenemos esta tarea.Para nosotros, Salesianos, Familia Salesiana de Don Bosco, sería imposible hablar de la vida de Don Bosco, hablar de él y no hablar de sus sueños. Él ha guardado sus sueños en su mente y corazón para toda la vida, incluso después de haberlos realizado. E inspirados por el sueño de Don Bosco y por lo que viven y experimentan en nuestros ambientes salesianos, los jóvenes descubren que sus hermosos deseos son la fuerza que les hace capaces de grandes cosas y aprenden que cada desafío puede ser superado con valentía y confianza en sí mismos.

La Poesía salvará almas…El poeta nace para el servicio de la verdad, no escribe, se deja escribir. El habla, habla y el poeta calla, y entre versos el poeta devela la verdad. Los poetas esperan en silencio y mientras esperan, escriben: dejan huellas, charcos en el aire y lagunas en el estómago del tiempo. Escribir es una guerra a la que el hombre está expuesto siempre. Dios creó al mundo con una palabra, desde entonces el ser humano ha estado expuesto a los relámpagos de Dios, a su inspiración y a su amor, y en su paso por la tierra lo busca… intentado responderle con poesía.

La misión continúa en nosotros: en nuestras aulas, comunidades, familias y corazones. Como Don Bosco, decimos nuevamente:  “¡Vamos donde nos envíe el Señor, aunque sea más allá del mar!”El tema del Capítulo General 29, «Apasionados por Jesucristo y dedicados a los jóvenes», nos ofrece una óptica privilegiada para reflexionar sobre nuestra misión a la luz de los tres ejes temáticos: la vocación y la fidelidad profética (“agradecer”), la comunidad como profecía de fraternidad (“repensar”) y la reorganización institucional de la Congregación (“relanzar”).