Todo comenzó con una elección… y sus consecuencias. El cristianismo solo tiene un mandamiento. Consiste en corresponder, lógicamente, al amor de Aquel que nos amó primero. Es el mandamiento de la fidelidad a una alianza primordial de amor, es el mandamiento de la gratitud y la obediencia al Ser que ha dado origen a nuestro ser. Fidelidad a una alianza desigual de amor entre el Creador y la criatura. Amar al que nos amó primero.

Y, consecuentemente, solo existe un pecado, el pecado de la autosuficiencia. La infidelidad amorosa y la ingratitud, el desamor y la desobediencia. El pretender un pensamiento y voluntad propias, proporciona gran autonomía. Esa autonomía puede llegar a convertirse en una ilusión desmedida. Ya le había pasado a Luzbel; el cual, consciente de su belleza, creyó que ello era mérito propio; lo cual le llevó a pensar que no tenía que agradecer nada a nadie. De ahí su grito de rebeldía: 'Non serviam'. 'A nadie serviré'.

Nuestros primeros padres cometieron el mismo error. Lo que más les impresionó en las palabras del tentador fue aquello de serán como dioses'. Porque, entonces, si soy como Dios, 'a mí no me manda nadie; ni Dios'.

Dios los había prevenido sobre un eventual mal uso de la libertad. Si les prohibió el fruto de aquel árbol no fue por capricho sino porque, efectivamente, el árbol tenía veneno. ¿Por qué debía respetarse la prohibición? Satanás les había dicho serían como dioses. Ser como dioses significa darse la propia ley, hacer lo que quiero, autonomía total, autosuficiencia. Y probaron. Ignoraron a Dios, prescindieron de Él, se independizaron, se apartaron, le dieron la espalda.

Pero Dios no les había mentido. El mentiroso embaucador era el diablo. El diablo los había llenado de halagos y elogios. Hasta el punto de que se desconectaron de la realidad. En realidad, no eran dioses, sino simples criaturas. En realidad, Dios no era adversario, sino un Padre y un amigo.

¡Ingratos y tontos¡: Apartándose de la fuente de Vida, conocieron la Muerte. Alejándose de Dios apareció, como consecuencia, algo que Dios no había creado, ni lo quería. Apareció algo nuevo, que antes no existía: experimentaron la Muerte, la Muerte con mayúscula porque eso es lo que significa alejarse de la Vida: Muerte espiritual que puede llegar a ser Muerte eterna. Perdieron el paraíso, sinónimo de armonía y felicidad. Y se introdujo la muerte y el mal, el ámbito de satanás. No fue un castigo.

Lejos de Dios que es La Luz, solo hay oscuridad. Lejos de Dios que es la Verdad, solo ha falsedad. Al alejarnos de Dios que es el Bien Absoluto dimos origen a un universo carente de bien que es precisamente lo que llamamos el mal. Dimos origen a este valle de lágrimas que conocemos.

La creación se convirtió en caos. Es nuestra obra. ¿Debemos sentirnos orgullosos de nuestros logros alejados de Dios? No busquemos más culpables, no responsabilicemos a Dios. Él nos creó libres que significa responsables. Sembramos vientos y cosechamos tempestades. Todo está patas arriba. No es castigo de Dios. Es pura lógica: causa y efecto, prueba y error.

El mundo está mal. A todos nos salpica el mal por igual. Porque el mal es injusto y se pasa llevando al que encuentra; no importar si eres culpable o inocente.

Sin embargo, Dios ama a su criatura y saldrá al rescate. Dios no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta y que viva: ‘La descendencia de la mujer aplastará la cabeza de la serpiente, mientras ella acechará su talón’ (Gn 3,15). Es el primer anuncio de un Redentor.

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