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- Por Cocó de López / soycocodelopez@gmail.com /
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La tarea de crianza es una gran responsabilidad y cada quien la asume como mejor lo considera conveniente. No hay manuales que garanticen que con su cumplimiento estricto tendremos los mejores hijos del planeta. Sin embargo, lo que no debería estar permitido es no reflexionar, no cuestionarse y no decidir sobre la forma en que educaremos a nuestros hijos.
- Por Zaida Navarrete BS /
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Escribir mis entradas de este blog siempre en un poco difícil para mí, pues necesito darles algo que sea de utilidad en esta era digital. Esta vez se me hizo muy fácil. A mi correo llego una interesante lista divulgada por ZENIT.
- Por P. Luis Corral / lcorral@cedesdonbosco.ed.cr /
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Al fin y al cabo, aquí en la tierra estamos de forma provisional y precaria.
Pero, ¿qué es lo que comienza con la muerte? EL CIELO.
Dice Mt 5,12: “Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en el Cielo”.
- Por P. Luis Corral / lcorral@cedesdonbosco.ed.cr /
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“La mujer cayó en la cuenta de que el árbol tentaba el apetito, era una delicia de ver y deseable para adquirir conocimiento” (Gen 3,6).
Adán y Eva, tentados por Satanás, se vieron en la circunstancia de tener que escoger entre la voluntad de Dios, por un lado, y lo que les gustaba a ellos, por otro lado.
- Por Cocó de López /
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Una de las fortalezas más grandes para integrar, con armonía, a dos familias que tienen que compartir hijos es que los adultos estén decididos a hacerlo. Y, principalmente, que trabajen por que así sea. Mi experiencia apenas la estoy comenzando y la única certeza que tengo es qué tipo de familia quiero tener. Ya que siendo hija o hijo no se puede elegir a la familia, pues hay que poner empeño en hacer bien la que sí depende de nosotros. Algunos de los puntos que he comenzado a identificar como importantes son los siguientes:
Si nos toca recibir en casa a los hijos de nuestro cónyuge
- Por P. Heriberto Herrera / herrerah@gmail.com /
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Un domingo cualquiera a mediodía, al pasar por el jardín de la parroquia, me sale al encuentro un hombre joven, alto, con el rostro sombrío. Me preocupé, pues no imaginaba sus intenciones.