Biblia para la vida

Una tumba y una cama vacíaEstoy en ejercicios espirituales en Valdocco, Turín, y han sido días intensos, no tanto por lo que uno hace, sino por lo que uno empieza a ver de distinto. Hoy entré a una habitación muy sencilla, nada espectacular, nada que impresione… a primera vista.

Vemos las noticias y el corazón se encoge: ciudades destruidas, familias huyendo, niños muriendo. Y casi todos decimos lo mismo: la guerra está mal. Como cristianos, difícilmente alguien podría afirmar lo contrario. Pero aquí surge una pregunta incómoda: si estamos tan en contra de la guerra, ¿por qué a veces la dejamos entrar en nuestra propia casa?