La economía del hogar: donde se aprende a vivir con feCuando Jesús dijo a sus discípulos “denles ustedes de comer”, no solo los invitó a repartir pan. Los llamó a mirar con compasión la necesidad del pueblo y a creer que los milagros comienzan cuando se comparte lo poco que se tiene. Aquella escena del Evangelio sigue viva hoy, especialmente en los hogares de Centroamérica, donde tantas familias hacen milagros silenciosos para sostener la vida con dignidad y alegría, aun cuando los recursos no alcanzan.

“Esperanza es la mirada confiada que, gracias al Espíritu Santo, nos ayuda a ver la otra dimensión de la vida humana: la eternidad”.El transcurso de nuestra vida está jalonado por el calendario. En éste se van marcando los eventos, grandes o pequeños, de nuestro peregrinar. Es como un mapa que nos guía y da sentido a lo que, de lo contrario, podría ser una monotonía soporífera. Abrir la primera página del calendario es como empezar de nuevo la aventura de vivir. Nos esperan acontecimientos festivos, tareas por realizar, proyectos soñados o la rutina diaria cargada de esperanza.

MeditaciónUn hermano entró, como buen salesiano, a hacer su visita al Santísimo en la cripta del colegio. Se percató de que, justo delante del sagrario, había algo extraño. Se acercó y vio que había un pequeño pan. Automáticamente pensó en la famosa película de "Marcelino pan y vino” y en el gesto que el protagonista tenía con Jesús. El hecho llegó a oídos del equipo de pastoral y de la comunidad salesiana y supusimos que este curioso detalle venía de parte de algún niño que estaba preparándose para su primera comunión, puesto que les habían proyectado algunas escenas de dicha película.

“En lugar de ser elementos nocivos para los demás, podemos ser generadores de vida, contagiadores del optimismo de Cristo, transmisores de felicidad”.Sería lamentable que desperdiciáramos nuestros preciosos días enredados en estrechos y miopes horizontes que nos impidan enriquecernos con las inconmensurables riquezas de vida que nos ofrece Jesús. Si nos concentramos en intentar evitar el mal lamentando perder la oportunidad de saborear la fruta prohibida, nuestra experiencia vital será mezquina. Consecuencia: una bondad raquítica, lastimera, resignada, envidiando a los malos, que se lo pasan a lo grande disfrutando a sus anchas de cuanto la vida fácil ofrece.

Debemos, pues, creer firmemente que toda oración, dicha con sinceridad, es escuchada por Dios. Una de las consultas más frecuentes por parte de los fieles, tanto en las confesiones como en la dirección espiritual viene expresada en forma de queja a Dios. Es frecuente escuchar: “Dios no me oye”. “Dios se ha olvidado de mí”. “Dios no me concede lo que le pido”.

Todo terreno por muy malo que fuera podría dar alguna cosecha, aunque fuera modestaCon el perdón de Jesús, ese sembrador que él presenta en la parábola no deja la impresión de ser inteligente. ¿A quién se le ocurre sembrar al borde del camino o en terreno pedregoso o lleno de abrojos? Podría haberse ahorrado desilusiones si hubiera escogido solo tierra buena. Sus vecinos no habrán tenido muy buena opinión de él.

Dichosos, felices, afortunados quienes aprender a amar como Jesús amaJesús nos ha dejado unas líneas de comportamiento que rebasan la cordura humana. Queda la impresión de que se le fue la mano con su mandamiento central: “Amen a sus enemigos”. Tal vez hubiera sido suficiente con disculpar al enemigo, no devolver mal por mal. Y que no cobrarse la venganza ya hubiera sido un gran paso. Pero, ¿perdonar al enemigo?, ¿amar al que nos hizo daño? ¿Es eso posible?