En el camino que propone el Aguinaldo Salesiano 2026, después de aprender a mirar la realidad con los ojos de la fe, el Rector Mayor nos invita a dar un paso importante: escuchar. No se trata de oír de manera rápida o superficial, sino de abrir el corazón y dejarse guiar por la fe en Cristo. María, atenta a lo que sucede en las bodas de Caná, dice a los siervos una frase sencilla y muy exigente: “Hagan lo que Él les diga”. En estas palabras se resume una forma concreta de vivir la fe cristiana.
Escuchar desde la fe no significa solo reconocer los problemas o analizar lo que sucede a nuestro alrededor. Muchas veces sabemos identificar necesidades y responder con buena voluntad y compromiso. Sin embargo, el Rector Mayor nos advierte de un riesgo frecuente: quedarnos únicamente en un nivel horizontal, centrado en la acción y en las tareas, y descuidar el nivel vertical, es decir, la referencia constante a Jesús. Cuando se rompe este equilibrio, incluso el servicio a los pobres puede volverse pesado y sin sentido, alejándonos tanto de las personas a las que queremos servir como del mismo Dios que nos envía a hacerlo.
María no dice simplemente “hagan algo”, sino “hagan lo que Él les diga”. Con esto nos recuerda que lo más importante no es solo actuar, sino escuchar a Jesús. Escuchar significa aprender a mirar los acontecimientos de la vida a la luz de su Palabra. Para el creyente, esta escucha es la fuente que orienta las decisiones y da fuerza interior. Hay muchas maneras de ayudar, pero el cristiano elige hacerlo dejando que sea Jesús quien marque el camino y dando testimonio de su amor con acciones concretas.
Don Bosco vivió esta actitud de escucha y fe de manera profunda. Su compromiso educativo y pastoral no surgió únicamente de los problemas sociales de su tiempo, sino de una fe viva que lo llevaba a buscar el bien de los jóvenes como respuesta a la llamada de Dios. Por eso, la espiritualidad salesiana pone en el centro la caridad pastoral, entendida como un amor activo que impulsa a servir a Dios acompañando, educando y cuidando a los jóvenes con dedicación y entrega.
Confiar en la Palabra
Escuchar a Cristo nos lleva, de manera natural, a confiar. En Caná, los siervos no discuten ni ponen excusas; simplemente escuchan lo que Jesús les pide y lo hacen. Llenan las tinajas hasta el borde y llevan el agua al mayordomo. En ese gesto sencillo y silencioso se muestra la actitud del verdadero creyente: una confianza total, una disponibilidad sincera y un corazón abierto a la voluntad de Dios.
Don Fabio Attard nos recuerda que creer no significa tener siempre éxito ni ver resultados inmediatos. Creer es ponerse en las manos de Dios y confiar en que Él sabe conducir nuestra vida. Cuando dejamos entrar las dudas del cálculo, ¿hasta dónde puedo?, ¿vale la pena?, ¿qué gano con esto?, el camino se vuelve confuso. María sigue siendo para nosotros un ejemplo de fe confiada: una fe que anima a escuchar y a seguir adelante, incluso cuando no comprendemos todo, seguros de que Dios nunca abandona a quienes confían en Él.
Atentos a Jesús
Este camino de escucha solo se mantiene vivo cuando se alimenta de la Palabra de Dios. Descubrir la voluntad de Dios en lo que vivimos no sucede de manera automática; requiere un corazón que se deja guiar por la Palabra, leída y orada con calma. En una cultura que valora más los resultados rápidos que los procesos, existe el riesgo de pensar que la oración es una pérdida de tiempo. Entonces hacemos muchas cosas, incluso buenas, pero poco a poco dejamos de escuchar.
Cuando se descuida la relación personal con Jesús, aparece una forma de cansancio interior: trabajamos mucho para Dios, pero sin darnos cuenta nos vamos olvidando de Él. El servicio pierde su sentido profundo y los proyectos terminan ocupando el lugar que debería tener el Evangelio. Por eso resuena con fuerza la invitación de santa Teresa de Calcuta, quien recordaba que no podemos pasar un solo día sin escuchar a Jesús decirnos: “te amo”. La fe se alimenta de ese encuentro personal, cercano y cotidiano con Cristo vivo, que sostiene la entrega y renueva el corazón.
Escuchar, finalmente, nos lleva al centro de la misión salesiana: estar presentes en la vida real, acompañar a los jóvenes y responder a los desafíos con una fe firme en Cristo. Solo así, sostenidos por la Palabra, podremos descubrir poco a poco cómo la voluntad de Dios se va haciendo clara en nuestra vida y en nuestra misión.