Después de mirar la realidad con los ojos de la fe y de aprender a escuchar a Jesús, el Aguinaldo Salesiano 2026 nos invita a dar un paso decisivo: elegir. Elegir no como una imposición, sino como una respuesta libre y confiada a la llamada de Dios. En el relato de las bodas de Caná, esta elección se hace visible en la actitud sencilla de los siervos que escuchan, acogen y actúan, tal como María se los ha indicado.
Jesús lo expresa con claridad en el Evangelio: “Dichosos los que escuchan la Palabra de Dios y la cumplen” (Lc 11,28). Aquí está la clave de una fe auténtica. No basta con sentirse parte de la historia ni con analizar los signos de los tiempos; la fe se vuelve verdadera cuando se acoge la Palabra y se la lleva a la vida. Solo así nace un camino sólido, capaz de sostener la misión educativa y pastoral.
En Caná, la elección de los siervos es clara. Jesús les dice: “Llenen las tinajas de agua”, y ellos las llenan “hasta arriba” (Jn 2,7). No calculan, no discuten, no se reservan nada. Su obediencia nace de la confianza. Cuando uno confía en Jesús, la respuesta se vuelve generosa, alegre y sin medidas.
Este detalle del Evangelio no es menor. Llenar las tinajas hasta el borde habla de una entrega total. Como educadores y pastores, estamos llamados a esta misma actitud: no hacer lo mínimo, sino dar lo mejor, incluso cuando el esfuerzo parece grande. La fe vivida con libertad no empobrece, al contrario, ensancha el corazón.
Muchos de nosotros hemos conocido personas así: hombres y mujeres que no destacaron solo por lo que hicieron, sino por cómo lo hicieron. Personas libres, generosas, con un corazón habitado por Jesús. Su testimonio nos marcó porque su vida estaba sostenida por la Palabra y la Eucaristía.
Elegir desde la Palabra
Toda acción cristiana encuentra su sentido verdadero solo cuando nace de la Palabra de Dios. No se trata de hacer muchas cosas, sino de hacerlas desde Jesús. Cuando nuestras palabras y acciones se dejan iluminar por el Evangelio, podemos ir más allá de la indiferencia y del cansancio que tantas veces se extiende en la vida pastoral.
Hoy, cuando falta el vino de la esperanza y de la alegría, la tentación es hacer lo mínimo o tomar distancia. Pero el camino evangélico es otro: abandonarse y confiar. Así lo hicieron los siervos. Así lo vivieron Don Bosco y tantos salesianos que, con opciones concretas, respondieron a los desafíos de su tiempo. Su fe no fue un sentimiento superficial, sino una experiencia madura, encarnada y profundamente humana.
Salir de la comodidad
El Aguinaldo también nos alerta sobre un peligro real: una fe que se adapta demasiado a la cultura dominante. Vivimos en un mundo que valora lo rápido, lo útil y lo cómodo. En este contexto, existe el riesgo de responder solo desde una lectura “horizontal”, dejando de lado la mirada de fe.
También hoy, frente a los jóvenes y sus preguntas profundas, podemos quedarnos en respuestas parciales, atendiendo solo necesidades inmediatas y evitando los desafíos que incomodan. Don Bosco no actuó así. Desde los inicios en Valdocco, ofreció a los jóvenes una propuesta integral: techo, pan, educación y, sobre todo, una experiencia fuerte de Dios.
Por eso, elegir hoy significa no dejar que el miedo o la duda tengan la última palabra. Significa confiar en la Palabra de Jesús y responder con libertad. Como en Caná, cuando elegimos así, el agua de lo cotidiano puede transformarse en vino nuevo, capaz de renovar nuestra vida y la de los jóvenes que se nos confían.