Presupuesto familiar, un hábito que fortalece el hogar. El presupuesto familiar es mucho más que un cuadro de números, es una herramienta que permite a cada hogar caminar con mayor serenidad. Según el Banco Bilbao Vizcaya Argentaria (BBVA), elaborar un plan financiero ayuda a conocer la capacidad de ahorro, identificar gastos innecesarios y evaluar el nivel real de endeudamiento. En tiempos en que las familias deben adaptarse a un entorno económico fluctuante, este hábito se vuelve aún más necesario.

 

Tener un presupuesto hace que cada miembro del hogar sea consciente de su situación financiera. En lugar de dejar que el dinero “se vaya solo”, la familia se vuelve protagonista de sus decisiones. Sin esa planificación, es común que gran parte del ingreso se destine a consumos que no aportan al bienestar: compras impulsivas, entretenimiento excesivo o intereses por deudas acumuladas. Diversos estudios señalan que muchas familias no destinan una parte fija al ahorro, lo que las deja vulnerables ante imprevistos.

El proceso para elaborar un presupuesto es sencillo. Primero, se anotan los ingresos estables del mes. Luego se clasifican los gastos por categorías: vivienda, comida, transporte, educación, salud y otros. Es útil agregar una línea para imprevistos, equivalente al 10–20% de los gastos mensuales. Después, se comparan ingresos y egresos, y se determina cuánto se puede ahorrar y cuánto debe destinarse a reducir deudas. Este ejercicio no solo ordena, sino que invita a reflexionar sobre algunos hábitos que pueden mejorarse.

 

Cómo ayuda un presupuesto

Pensemos en la familia Martínez. Cada mes terminaban ajustados y no sabían por qué. Al elaborar su presupuesto descubrieron que gastaban más de $120 mensuales en pequeñas compras diarias: cafés, bocadillos, aplicaciones y servicios innecesarios. Al identificarlos, decidieron reducirlos a la mitad. Ese simple ajuste liberó $60 mensuales, que ahora destinan a un fondo de emergencia. Además, pudieron reorganizar su deuda, pagando primero la que generaba mayor interés. En tres meses ya notaban alivio y mayor tranquilidad.

Planificar no resta libertad; al contrario, brinda claridad, permite tomar mejores decisiones y fortalece la vida familiar.

Haz click en el enlace para obtener una plantilla de presupuesto mensual familiar: https://drive.google.com/file/d/1ugVkJl0seANs7yAyurpUbCqxG7H-xClg/view?usp=drivesdk

 

Cuidar la casa común desde el hogar

El amor y el respeto por la naturaleza comienzan en casa. Desde pequeños, los hijos observan cómo se cuidan las plantas, se evita desperdiciar agua o se apagan las luces cuando no se necesitan. En la familia nace ese primer gesto de responsabilidad que, con el tiempo, se convierte en una forma concreta de agradecer a Dios por los bienes recibidos.

El papa Francisco, en su encíclica Laudato Si’, recuerda que “la familia es el lugar donde la vida, don de Dios, puede ser acogida y protegida” (n. 213). En el hogar se aprende que la tierra no es una propiedad personal, sino un regalo que debe administrarse con amor y gratitud. Cada acción cotidiana tiene un impacto económico y ambiental: plantar un huerto, aprovechar recursos naturales, reutilizar materiales o sembrar árboles permite reducir gastos, disminuir el consumo de productos industrializados y educar a los hijos en el valor de lo esencial. Así, el cuidado de la naturaleza se convierte también en un ejercicio de buena administración familiar.

Cada hogar puede transformarse en una pequeña escuela de ecología integral: agradecer los alimentos, respetar a los animales, mantener limpios los espacios comunes, compartir lo que se tiene y practicar hábitos sostenibles que ayudan a ahorrar. De este modo, proteger la creación es también un acto de fe y amor, porque quien cuida la casa común fortalece al mismo tiempo el corazón y la economía de su familia.

 

Reto ecológico 

En familia, elijan una acción concreta para cuidar la creación y ayudar a la economía en el hogar. Acá algunas opciones: 

 

  • Preparar compost con restos de frutas y verduras para nutrir plantas y huertos.

 

  • Limpiar un espacio público cercano, como un parque o zona verde, cuidando lo que todos comparten.

 

  • Reutilizar objetos viejos para hacer macetas o decoraciones, dándoles nueva vida.

 

  • Sembrar y cuidar un huerto casero para uso en la cocina y en medicinas, ayudando a la biodiversidad y la economía del hogar.

 

Al final de la semana, conversen sobre cómo se sintieron al hacer una de estas acciones y den gracias a Dios por la oportunidad de cuidar juntos la creación. ¿Qué otro reto harán esta semana?

 

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