BITACORA DE UN SALESIANO

El denso verde y ciertos parajes fascinantes compensabas las sacudidas constantes del envalentonado vehículo...Carchá, Guatemala.- Ciento cincuenta entre sesenta da dos horas y media. O sea, si cada niño/niña de primera comunión se confesaba en un minuto, yo hubiera tardado dos horas y media.Lo cual habría sido una maratón imposible. Solución de urgencia: dado que los pecados de los niños son veniales, si es que los tienen, todos los que abarrotábamos la iglesia pediríamos con cariño al Señor que purificase colectivamente las almas de estos ilusionados niños y niñas. De lo contrario, la asamblea religiosa se habría extendido desde las nueve de la mañana hasta las tres o cuatro de la tarde. Demasiado para tanto niño. Nadie protestó, supongo que Jesús tampoco.

El picop queda estacionado en algo que, con un poco de fantasía, podría pensarse como un mini campo de futbol.Hoy visité una comunidad no tan lejana, pero de acceso complicado. La ermita está situada en la parte alta de una colina. El último tramo de camino es un ascenso casi vertical, entre cafetales. Con la retranca y en primera marcha, trato de combinar una velocidad mínima sin que el motor se apague.

Bitácora de un salesiano. Abril 2017.-Mi área de trabajo pastoral incluye 45 aldeas (comunidades rurales) habitadas por indígenas qeqchí.

Carchá. Hay aldeas grandes y hay chiquitas. Me llegó el día de visitar una minúscula aldea: nueve familias. Tuvieron que invitar a otras dos aldeas vecinas, también pequeñas, para hacer número. Aún así, no se logró llenar la pequeña ermita.

Carchá.Esta mañana viajo a una comunidad indígena lejana con una doble ilusión: estrenar el camino rural que ha estado siendo reparado y acondicionado por la alcaldía,

A un cierto punto tuve que dejar el carro y echar a andar.La primera media hora mi pickup se desliza sobre asfalto. Unos cuantos baches sorpresivos obligan a manejar con prudencia. La segunda media hora sobre camino de terracería no ofrece mayor dificultad, pues la superficie está recién aplanada y, además, las vueltas y revueltas ya me resultan familiares. En la tercera media hora el camino se estrecha, aunque no hay motivos para quejas mayores, aparte del sube y baja pronunciado.