Roma, febrero 2026. – Con un gesto de profundo significado espiritual, el papa León XIV realizó una visita inesperada a la histórica habitación de Don Bosco en la Basílica del Sagrado Corazón de Jesús en Roma, poco antes de la celebración de la eucaristía. Aunque no estaba prevista en el programa oficial, la visita se convirtió en un momento histórico y profundamente conmovedor para toda la Familia Salesiana.
Antes del inicio de la celebración eucarística, el Santo Padre expresó personalmente el deseo de visitar la modesta habitación donde Don Bosco se alojó durante su último viaje a Roma en la primavera de 1887. Frágil de salud, pero firme en la fe, el santo permaneció allí durante treinta días para la consagración de la basílica que había soñado durante mucho tiempo y por cuya realización había trabajado incansablemente: una ofrenda de amor al Sagrado Corazón y a los jóvenes.
Hoy, conservada como pequeño museo, la habitación custodia el recuerdo de aquellos últimos días intensos y llenos de gracia del Fundador. La visita del papa, que duró casi diez minutos, se desarrolló en un clima de recogimiento y de reverente silencio. El rector de la Basílica, padre Francesco Marcoccio, recordó brevemente al Santo Padre las circunstancias de la última estancia de Don Bosco en Roma, incluidos los dos milagros realizados durante ese período, claros signos de la providencia divina que acompañaba el cumplimiento de su misión mariana y apostólica.
De pie entre aquellos muros sagrados, el papa León XIV se detuvo en oración. Rezó un Ave María, confió al Señor a la Familia Salesiana en todo el mundo e impartió su Bendición Apostólica. Los presentes vivieron aquel momento como un momento de profunda comunión: el Sucesor de Pedro que rezaba donde el mismo Don Bosco había rezado, sufrido y ofrecido sus últimas energías por el bien de la Iglesia y por la salvación de los jóvenes.
En la ocasión, el Santo Padre fue acompañado por el Rector Mayor, don Fabio Attard, por el rector de la Basílica, padre Marcoccio, y por el párroco, padre Javier Ortiz. Para el Rector Mayor y la Congregación, se trató de un gesto de profunda humildad y de gran consuelo. Aunque en el pasado se había pensado pedir al Santo Padre que bendijera el museo, los salesianos habían renunciado para no recargar su programa. Por eso fue particularmente significativo que el propio papa expresara el deseo de visitar la habitación de Don Bosco.
Don Attard, visiblemente conmovido, reflexionó después: “Fue verdaderamente un gran don que el Santo Padre ofreció a los salesianos y a toda la Familia Salesiana. Con sencillez, permaneció en la habitación de Don Bosco, escuchando atentamente el relato de aquellos momentos significativos. Con profunda devoción, se acercó al pequeño altar donde Don Bosco celebraba la misa y allí rezó en silencio. La bendición impartida por el Santo Padre precisamente desde esta habitación se extiende a toda la Familia Salesiana. Es un momento histórico, único e inolvidable. Su presencia paterna y su bendición son un don precioso para todos nosotros”.
Este encuentro silencioso antes de la celebración eucarística se convirtió en un signo poderoso y elocuente: un puente entre el carisma de Don Bosco y el corazón vivo de la Iglesia. Para los salesianos y los miembros de la Familia Salesiana de todo el mundo, fue un momento de renovada comunión, aliento y fervor misionero: una bendición que quedará por largo tiempo grabada en la memoria y en el espíritu.